¿Debemos obedecer las leyes injustas?


 Mis queridos blogueros, hoy vamos a tratar una cuestión muy polémica: ¿debemos obedecer las leyes injustas? Para justificar mi opinión, voy a hacer un resumen de lo que las distintas teorías del origen del Estado dicen sobre este asunto.

Según el naturalismo político, el Estado es algo natural y previo al hombre, con lo que el ser humano solo existe por y para el Estado, por eso los derechos individuales están subordinados a los derechos colectivos y las personas deben obedecer las leyes. Los autores más destacados de esta corriente son Sócrates, Platón, Aristóteles o Santo Tomás de Aquino. Como hemos visto en clase, en este sentido, es significativa la muerte de Sócrates, que aceptó la condena a muerte de la democracia ateniense, aunque podía huir, porque pensaba que era su obligación como ciudadano. Sin embargo, Tomás de Aquino defiende que el Estado tiene un origen divino, es decir, nace de Dios, con lo que las leyes civiles deben ser justas y buscar el bien común. Por eso, cuando una ley civil no es justa, no representa la voluntad de Dios y está justificada la desobediencia.

Por el contrario, en el realismo político de Maquiavelo no se plantea la posibilidad de rebelarse contra las leyes injustas. El príncipe gobierna sobre el pueblo, al que manipula para conseguir sus objetivos. Para ello debe utilizar todos los medios que tenga a su alcance, que deben ser eficaces y no éticos, para mantener el orden y la seguridad, con lo que las leyes pueden ser injustas.

En el siglo XVIII, con la Ilustración, que es la base del pensamiento moderno, se defiende la posibilidad de rebelarse contra las leyes injustas. El autor más interesante del contractualismo para esta cuestión es Rousseau, quien afirma que el poder nace del pueblo y que el sistema político ideal es la democracia; por tanto, el pueblo podría desobedecer una ley injusta y cambiar las leyes. Muchos historiadores dicen que estas ideas de su obra “El contrato social” influyeron en la Revolución Francesa.

Dicho todo esto, mi opinión coincide con la de Santo Tomás de Aquino y, sobre todo, con la de Rousseau: el ser humano no está obligado a obedecer una ley que sea injusta. Las leyes son necesarias para vivir en sociedad (como dice el contractualismo), pero no debemos obedecer las leyes injustas porque si lo hacemos seremos cómplices de las injusticias que se cometan. Solo así podremos conseguir que las leyes sean justas para todos y todas.

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